La kombucha es una bebida fermentada que se elabora a partir de té, agua, azúcar y un cultivo simbiótico de bacterias y levaduras conocido como SCOBY (Symbiotic Culture of Bacteria and Yeast).
Durante el proceso de fermentación, los microorganismos utilizan parte del azúcar y producen diferentes compuestos, como ácidos orgánicos, dióxido de carbono y pequeñas cantidades de alcohol. Esto le proporciona a la bebida su sabor característico, ligeramente ácido, y una posible efervescencia natural.
Ingredientes básicos: agua, té negro o verde, azúcar y cultivo SCOBY.
Sabor: ligeramente ácido, con notas dulces y fermentadas.
Apariencia: puede presentar tonalidades amarillas, ámbar o rojizas, según los ingredientes utilizados.
Fermentación: generalmente se realiza en dos etapas cuando se desea incorporar frutas y obtener carbonatación.
Variedad de sabores: puede elaborarse con piña, frutos rojos, jengibre, limón y otras frutas o ingredientes naturales.
La kombucha puede contener microorganismos vivos y compuestos derivados de la fermentación. Sin embargo, sus beneficios para la salud dependen de su composición y del proceso de elaboración, y la evidencia científica en humanos todavía es limitada. No debe considerarse un tratamiento para enfermedades ni garantizarse que todas las kombuchas sean probióticas.